TE AMO

Murió don Elson Beiruth.  Brasileño de cuna y chileno de alma. Ídolo del fútbol chileno, Colo – Colo, y con demasiados récords en su palmares. Murió lleno de dolencias. Murió con el pago de Chile a cuestas. Murió solo.

A una de las personas cercanas le dijo, en su última conversación y al preguntarle cómo estaba, que se sentía solo, que era lo que más le dolía de todo lo que estaba sufriendo.
La soledad es una dolencia, pesada, firme y fuerte. Cuando hice mis primeros pasos vocacionales (porque aunque no lo crean estuve a punto de irme de cura) uno de mis principales temores era la soledad; sin embargo Enrique, director espiritual de la época, me hizo ver que en la vida del sacerdote la soledad es relativa y voluntaria, pues no había tiempo para sufrirla y de todos los hermanos, suele ser el sacerdote el que está más cerca de sus padres. Sin Embargo, no me quitó el temor a llegar a la casa, sentarme al borde de la cama, mirarme la punta de los zapatos y botar unos lagrimones desesperados en la frialdad, invierno y verano, de la pieza sin nadie o con nadie (para los puritanos del idioma).

La soledad de alma es la que quema. Ese corazón no compartido que fue creado para entregarse a otro u otra y que mantiene su mirada en el vacío o porque no aparece lo que busca, o porque no quiere lo que ha aparecido. La soledad de alma llamada “desolación” que ya encontró lo que buscaba pero no es correspondido y la soledad de alma del despechado que creyó haberlo encontrado pero fue decepcionado tanto y tantas veces (tal vez la más dura de las heridas es la provocada por la mentira, esa que humilla y te deja hecho bolsa por venir de la persona que amas ¿no?).

Pero de un problema, dice el principio básico de la Planificación estratégica, surge una oportunidad. Sobre todo a cierta edad, en que ya no se puede perder mucho tiempo en reflexiones, sufrimientos y quedar pegados en el dolor del desamor; y es apreciar la soledad con la que te enriqueces como persona, te cultiva el físico, te descubres y te das cuenta que la vida es tanto más que un puñado de vulgares, pueriles y absurdas mentiras de quien teme a la vida y se esconde en esas fantasías que suplen a lo profundo con lo sensual. Y sobre todo que existe un corolario básico de las soledades honestas y amadas: sin buscarla llega otra soledad a hacerte feliz.

Y así me pasó. Perdón que cuente mi experiencia personal, pero aquí estamos en confianza. He pasado por todos los procesos de la soledad según mi concepto: Despecho, desolación y asumida. Me caigo bien y la paso bien conmigo. Y si quieren se suman a este nuevo estado del yo, lo pasamos bien y fluirá un amor o un “algo” o un “nada”. Podemos acompañarnos, satisfacernos, complementarnos. Pero todo lo mata la mentira. Créanme que la mentira ni por amor se justifica. La mentira es lo único que lo mata todo. A veces me “zapatea hasta las orejas” un recuerdo, pero los eventos de mentira me bloquean, asquean y, la verdad, mata toda pasión, hasta el gusto.

Lo canta Leonardo Fabio “mi tristeza es mía y nada más”. En tantos años me he dado cuenta que es un modo de vida. Depende no más de cómo se asuma una actitud honesta, ni fuerte ni débil; pero sí honesta.
He llorado mucho ya mi soledad, Y no por ello soy menos hombre ni más feo, ni más viejo. Comencé a reírla. Cristo invitó a amar al prójimo como a sí mismo. Creo que eso es lo que me faltó: amarme. Al respetarnos no nos dejamos ni humillar ni que jueguen con nosotros. 

A quienes se sienten desolados hoy, les aseguro que aprendiendo a querer la propia soledad, empezaremos a sentirle el gustito y, cuando ya estemos enamorados de ella, la soledad, la perderemos porque sin darnos cuenta con esa nueva actitud, indefectiblemente llegará alguien a nuestro lado y, Dios quiera, viviremos ese exquisito dolor de perder a la soledad, la sepultaremos, la lloraremos, haremos el luto y le realizaremos los homenajes de rigor. Todo esto junto, no dura más de tres segundos. Sobre todo cuando se ama, gusta, quiere, sin mentira tonta que destruye. (Y aquí no cabe la categorización de mentiras chicas o grandes. La mentira es mentira) (Ya hablaremos de ella)

Para Tejemedios
Carlo Crino Aránguiz
Profesor, Comunicador, Cineasta