ELECCIONES PRIMAVERALES

No es coincidencia que el comienzo del próximo proceso eleccionario coincida con la primavera. En una analogía a priori, podría compararlo con el renacer, la vida, la frescura y colorido; junto con las nuevas ideas y nuevos aires para los gobiernos locales. Otro más insidioso, verá también las alergias, los índices de suicidio que siempre aumentan en esa época, el oropel o la efímera promesa como efímera es la primavera; en fin… todo lo que quepa en la imaginación democrática de tanta cabeza diferente.

Escucho buenas y grandes ideas al comienzo y abultadas y sentidas excusas al final de los períodos porque no se pudo cumplir, así como de nuevo las viejas promesas de tantos candidatos que entran en la vereda de la competencia. Surgen cuál crisálida venenosa las descalificaciones que en vez de mariposas se convierten en feos pájaros oscuros que ensombrecen las gestiones como aquellos tiuques exterminados a tiros en la plaza de armas por allá por los setenta. Y extraño la política de la vieja guardia en la que, con combos y todo, primaba el honor y la altura de miras. El servicio público estaba muy lejos de ser un negocio y muy lejos de ser un salvavidas para las familias venidas a menos o los “hidalgos” (en el estricto rigor de la palabra) que ven en la política un espacio en el nicho empequeñecido de poder local. Aunque, y lo debo reconocer, en muchos el poder se enquistó de tal modo y desde siempre, que desvirtuó mentes y espíritus en atrocidades que la historia jamás dejará de lamentar.

Aunque esto suene a crítica vedada o sátira cruenta, mi intención no es otra más que echar afuera lo que veo y escucho, así como lo que siento; pues ya me han ofrecido tantas cosas para ser candidato de tantas y tan diferentes tendencias políticas, que llega a ser risible el discurso con que creen tentarme “lo que importa es la persona”. Por supuesto, pero para los intereses de los partidos, pues. Me encantaría ser más tonto, pues las dietas no son nada de despreciables.  Me decía uno de los emisarios: no te muestres muy brillante, no hables muy bonito y ponte a la “altura” de los “pobladores”. O sea, hagamos lesa a la gente para que vote por mí, aunque ni hablo bonito, ni soy muy brillante y no creo estar a más “altura” que mis vecinos.

Me nace, entonces, hacer un llamado a los candidatos (muchos de ellos amigos, grandes amigos míos) a ser honestos no solo en lo material e ideológico, sino también en lo espiritual y social. Sé que no es fácil trabajar ni en política, ni en el servicio con vocación social; pero asumido el compromiso, no queda más que jugárselas con valentía, transparencia y sencillez, que es lo que yo sé sirve para hacer de este un mundo mejor. Tal generosidad a veces se ve más en la empresa privada que en los servicios públicos, lo digo con dolor, pues en ellas los trabajadores se reconocen parte del proyecto y desarrollan un sentido de pertenencia que los identifica. Nunca, señores candidatos, olviden que para el éxito, la gente debe sentirse identificada con ustedes…
…Y eso se logra con valentía, con transparencia y con sencillez para que los compromisos y el trabajo por la gente, no se vaya con la primavera.

Para Tejemedios
Carlo Crino Aránguiz
Profesor, Comunicador y Cineasta