PILAR GARCÍA RUBIO

Lo más probable es que no le parezca nada de bien que hable de ella, pero su trascendencia que es fruto del ascendente que tuvo en una generación de jóvenes de los ochenta, traspasa su nivel personal y la convierte en “personaje público”
Esta vez haré farándula.

El “guatón” y el “chico”, entre otros tantos honorables personajes, fueron de su redil y tengo la certeza de que se alegra por las vocaciones que estimuló y dejó marcada a fuego en su paso por Chile y por Bulnes; así como también tengo la certeza de la influencia que ejerció en la vocación social de Sánchez y Arévalo, hoy autoridades legitimadas por vecinos que han visto ese sello incandescente.  (Y tantos más ¿no?)
Pilar García Rubio, la Hermana Pilar, no solo vino a moldear almas con su congregación de las Hermanas Misioneras de Acción Parroquial; sino que además vino a revolucionar un sistema de catequesis tan decimonónico y preconciliar, dando alas a la fe valiéndose de los carismas individuales de ese puñado valiosísimo de jóvenes que veían (veíamos) en ella la concreción humana de la divinidad misma; se nos hacía carne la Palabra y nos cobraba sentido el cultivo del espíritu. Y no era una monja gritona, ni huraña, ni enojona. Escuchó hasta las barbaridades más herejes en bocas ignorantes, y te desarmaba con una dulzura que no podía venir más que de una mujer de Dios.
La vi emocionarse con las conversiones y la convocatoria cada vez más comprometida de jóvenes desesperanzados y sin espacios, de todo tinte político, de toda creencia (incluso) religiosa, a quienes sabía acoger sin diferencias ni distancias. La vi sufrir con la pobreza y el dolor de los más desamparados. No era una prédica sinsentido, pues actuaba en las casas sin pisos, en las familias sin padres, en los movimientos sin norte.  Para un adolescente de mi calaña, un modelo íntegro; lo que era extrañísimo en una sociedad machista y dictatorial como la que vivíamos en esa época, sobre todo de un niño/joven hacia una mujer… y religiosa.
Tengo muchas anécdotas, pero esta vez quiero hacer interactivo este espacio, e invitar a quienes la recuerden, me envíen sus experiencias con ella. Enseñanzas, momentos gratos, lo que los marcó. Porque puedo afirmar “arriesgando una demanda” que la Hermana Pilar pudo caer bien o mal, ser significativa en la vida con quienes compartió o no, pero jamás serle indiferente a nadie o pasar inadvertida. Compartiré dos cosas que me marcaron, como para abrir los fuegos en esta conversación: La primera fue ante la muerte del padre de José, Juan y Guillermo (y otros hermanos)(Guillermo murió años después en el puente Larqui en un accidente, cuando había logrado vencer a la pobreza y vislumbraba un futuro tremendamente luminoso. Joven, muy joven. Tal vez lo recuerden más por su apelativo “Chote”. Que una vez se acercó a pedirme no le dijera más así, con tal caballerosidad y sinceridad, que lo admiré y respeté para siempre). Me pidió acompañarla al velorio, hablo del padre,  en su casa;  una mediagua sin piso, una urna a medio sellar, un par de flores y una lágrima de la Pilar mirándome con impotencia y preguntándome con santa ira “Dime ¿Es justo?¿Esto es justo?”. Ella no imagina el aprendizaje que para mí encerró ese momento, pues es la pregunta que me hago frente a cada decisión, cada afirmación y cada sentencia. Es la pregunta que me hago, por ejemplo, ante cada desafío electoral.
En otra ocasión, me pidió hiciera equipo con el drogo del grupo, con el de la otra tendencia política (catete y grupiento el gallo, farsante, hostil y contestatario), con la mina que nadie quería y más encima, armar una obra de teatro. No creo que en Bulnes se haya visto una representación más hermosa y significativa. Sé que sumó a tres disidentes más al pueblo de Dios, hoy ciudadanos que son reales aportes a la sociedad y honestos agentes de cambio. Hasta el día de hoy tengo comunicación con ellos.
Esta vez rindo homenaje a quien me hizo ver las cosas de la fe desde la perspectiva más hermosa que un niño/joven puede ver. La verdad, el amor y la alegría. El día que conocí a la Hermana Pilar, murió para mí el dios castigador y condenatorio; y nació el Dios de la Verdad, la Justicia y la paz. Todo eso con el concepto valiente del “Temor de Dios” como don que te hace temblar porque no quieres fallar por amor …y no por temor.
No olviden enviarme los recuerdos significativos con ella. Así construiré el próximo texto para este espacio, que prometo será sabrosísimo; porque así fue ese tiempo y ese lugar.
(Actualmente vive en España, su país de origen, dando luz a nuevas generaciones)

Para Tejemedios
Carlo Crino, Profesor, Cineasta y activista cultural