FELIZ CUMPLEAÑOS

Te hice himnos y construí castillos en las canaletas de las calles.
Me vestí de payaso, héroe y villano en tus fiestas memoriales.
Armé encuentros, amasé festividades,
recé de rodillas y de pie en tus altares.
Amé a tus mujeres entre matas y manantiales.
Enterré mi pasado en tus fauces milenarias
y ahí mismo quedaron acostados los huesos de mis antepasados.
Te grité, te canté, te lloré. Te pedí, te busqué y te rogué.
"Bulnes hoy te canto yo / te pregunto en mi canción /
voy buscando en el cemento / el mensaje de mi voz" .
.. malnacido, descastado y bastardo
el que no ame donde aprendió a hablar, caminar, leer, llorar y amar

Soy parte de más de un cuarto de historia de Bulnes. Podría hacer recuerdos y tributos en esta ocasión, pero prefiero mirar a un Bulnes en código futuro, atendiendo las contracciones que está sufriendo en un término de parto político que engendrará nuevas autoridades. Bulnes nuevo, fresco y con sueños intactos, como quiero creer porque creo en sus habitantes y el compromiso de quienes se las juegan por el servicio público. Todas honorables personas. Y lo digo sin ningún dejo de ironía, doble sentido o liviandad en el análisis, pues si tienen votos, por pocos que estos sean, es porque han marcado a un grupo social de una u otra forma.

A sus 173 años, y a pesar de que ya se puso pantalón largo, nuestra ciudad es una ciudad nueva y llena de vida. Se vienen proyectos grandes que van engalanando su paisaje y enriqueciendo integralmente a su gente. Por lo que quiero celebrar el “Mes de Bulnes” y disfrutar de mis sueños de ciudad moderna, pero desde mi perspectiva.

Un Bulnes familiar con almuerzo en casa. Quienes hemos vivido en diversas ciudades, comprendemos a cabalidad lo que significa el tráfago cotidiano que impide respirar esa calma vital y, aún más, lo adoptamos como rutina y costumbre. Un Bulnes de barrio, que no pierde sus fiestas tradicionales y las salidas en las fiestas a abrazar a los vecinos, compartir un ponche o una taza de té después de jugar a la pelota o a las escondidas en las calles. Un Bulnes que te permite caminar un par de pasos y saltar de la plaza al campo, respirando tierra viva y mojando los pies en el Pite o el Larqui o Lamávida o el Itata. Esa tibieza de pueblo auténtico con proyección a un futuro auténtico y auténticas pretensiones que no cambien un ápice lo más valioso de lo que tiene y que solo valoramos cuando lo perdemos.
La lucha es, en definitiva, por la calidad de vida de las personas; y ésta no está en aquella modernidad cuyo referente son las grandes ciudades, al contrario, créanme que todos los que en algún momento llegamos a vivir a grandes ciudades, nos dimos cuenta que perdíamos ese ritmo esencial y esa forma de vida que hoy se envidia. Los niveles de depresión y estrés de Bulnes están porcentualmente bajísimos en comparación a las urbes capitales, lo que corrobora la tesis en cuanto a que la calidad de vida es directamente opuesta a la concentración de semáforos, centros comerciales, grandes fábricas, parque automotriz sobre saturado y decibeles que se triplican en una conversación normal en el centro de las ciudades.

El futuro está en la paz. En las baladas radiales del atardecer. En la caminata por la plaza. En la hora de once en familia o el volantín en el patio. El futuro de Bulnes está en su gente, por lo tanto en su salud. Cuando estaba el disco “pare” en la esquina de la plaza en Palacios con calle Bulnes, hubo menos accidentes que desde que se puso el semáforo; tiene sentido, antes se disminuía desde mitad de cuadra porque se sabía que había que parar “sí o sí”, ahora se acelera cuando desde mitad de cuadra lanza el amarillo… y no siempre se alcanza. Creo que no siempre el futuro se piensa en código “vida”.
Un cogollito: vote por quien le ofrezca más y mejor vida; por quien respete sus espacios, sus recuerdos, sus raíces y valores.

Para Tejemedios
Carlo Crino Aránguiz
Docente, cineasta, comunicador y otras cosas más
carlocrino@gmail.com