MUJER

Cuando vi a esa mujer desnuda, desprotegida y frágil;
entendí por fin la maravilla de la creación…
… mi hija recién arrancada del vientre.

Me gustó la mujer que tiraba del carrito con cartones que es la misma que después vi sentada en el escalón del Emporio vendiendo castañas y piñones calientitos por allá por los setenta. Me enamoré de la mujer que me enseñó a leer. Y fue porque primero me enseñó a leer sus ojos, luego sus manos, luego su boca y terminé leyendo todo su cuerpo en tercero básico. Bulnes tiene rostro de mujer, huele a mujer, vive como mujer y se desarrolla como mujer. No podría ser de otra forma, por eso me gusta mi ciudad. Me apasiona, me obliga a serle fiel y a cumplirle en todos esos aspectos a que obliga una mujer apasionada, madura, con experiencia y a la vez lozana y tierna.
Amo a la mujer y me estremece, tal y como le pasa a Silvio Rodríguez, siendo ciego a la belleza porque no sé distinguirla entre una y otra. Sí, soy exigente, pero no veo la diferencia. Es cosa, por siútico que suene, de ver las flores…todas diferentes, pueden gustarte unas u otras, pero decir que unas más linda que otras, jamás. Gracias a Dios son todas distintas y de diferente dinámica. Me seduce un chiste inteligente saliendo de una voz suave. Una sonrisa suave saliendo de una boca inteligente. Me gusta la mujer valiente, o sea: todas. Lo dijo mi maestra de vida: “si hubieras sido mujer, habrías sido puta.” Y era un cumplido.
Como no sentirlo así si he visto las mismas manos con lavaza tomando el arado, o las mismas mudando que manejando micros. Si eso no es seductor, muéstrenme un ejemplo más atractivo. La primera novela que recuerdo haber leído, provocó mis primeros síntomas de ser pasional al experimentar piloerección con la descripción que Luis Durand hace de la “morena de piel sabrosa, caderas anchas y rústicas, manos ásperas arando tus espacios”, campesina turgente en “Frontera”. Y luego observar la belleza que modela con el tiempo los cuerpos de las que dieron todo en su vida, con esas atractivas arrugas que surgieron de la generosa donación de belleza en la lucha por ese sitial que tanto merecen. Las mujeres heridas cuyas marcas no son otra cosa más que la maravillosa distinción de la fuerza y la conquista. Nunca he visto llorar a una mujer, las he visto regalar lágrimas para conmover al mundo con esa fuerza infinita de la que sabe parir. Pero sí he visto, y muchos, hombres llorando por una mujer.
Na’ que decir, nos tienen agarrados de donde más nos duele ¡y no sueltan!
Pregúntenle al que ama sin ser amado si hay dolor más desgarrador. Pregúntenle al viudo si no busca a su mujer en la que viene. Pregúntenle al hijo cual es su mayor temor. Pregúntenle al preso quien es por quien más grita. Pregúntenme en quien pensé cuando perdía la vida en un segundo. ¿Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer? ¡Qué falacia! Detrás de cada gran mujer hay tal vez un hombre o, dicho de otro modo, si detrás de cada hombre SIEMPRE habrá una gran mujer, detrás de cada gran mujer, no siempre hay un gran hombre. Corremos a escondernos desde las faldas cuando niños, hasta en las camas cuando estamos más grandes, terminando en los brazos de ellas mismas, si es que no se nos adelantan, al momento de morir.
Todo tiene nombre de mujer, al punto que a veces detesto no tener más exacerbada mi “ánima”, mi “yang”, mi parte femenina (¿Sabían que todo ser humano se compone de ambas?) (Los homofóbicos, de hecho, son así porque tienen muy desarrollada su parte femenina, pero la reprimen por la presión machisto - cultural y como un primitivo mecanismo de defensa actúan en forma violenta) Decía que todo tiene nombre de mujer, o al menos conceptos que lo incluyen todo: vida, amor, justicia, libertad, etc (no me vengan con que “amor” es gramaticalmente masculino, género que le dicen, pues no hay hombre que se llame amor o le ponga amor a su perro o gato o llame amor a su empresa o posesión; aunque sí dice “amor” a su mujer o ella así lo llama) El mundo es de género femenino y mujer es la tierra, Pachamama, y mujer es el agua y la sociedad y la muerte misma es mujer. La plaza donde todos amamos por primera vez tiene nombre de mujer y el cielo tiene rostro de mujer y el hombre es de la mujer y a la mujer va, por ella vive, mata por ella, muere por ella. Existencia es mujer, así como la historia misma y la letra con que se escribe. La creación y la bendición. Mujer es la buena estrella y la amante audaz, la fiel eterna y la pordiosera bella.

Todo es. Nada que discutir. Pero, y para darle sentido a este desvarío frenético, es a mi hija que le he llamado Camelia, la mayor; Cruz de Larqui a la segunda y Plaza, la menor. Di mi primer beso en la Cancha del Molino y fui parido entre el liceo y el emporio; me hice hombre en la primera compañía, nombre de mujer. Me desembriagué por puro susto en la cuca, mujer, viajando a la comisaría, mujer, que quedaba a pasos de mi casa, también mujer. La escuela, la profe, la parroquia, la noche llegando a su mañana, que pasó por la mujer madrugada. Mi generación lo puede entender, pues guitarra y fogata eran nuestro TV cable e Internet. Chuica, grapa y laguna, nuestras cómplices. Las amigas entrañables, comprensivas y amantes. Entonces, amo a Bulnes.
Entonces, Bulnes es mujer.
Y te amaré…hasta que la muerte nos separe. Feliz día.

PARA TEJEMEDIOS
CARLO CRINO ARÁNGUIZ
PROFESOR, CINEASTA, DIRECTOR, ACTOR, Y RR.PP