Hay muchas palabras
que no quisiera escuchar de mi alcalde
y entre ellas están esas dolorosas y
entrañables:
“Tu quoque, Brute, fili
mi”
No sé si muchos tendrán la misma
experiencia, pero uno de los hitos claros que recuerdo en forma precisa en mi
vida, fue cuando aprendí a odiar. Así es, fue a los 21 años, empezando mi
quincuagésima carrera universitaria (todas las anteriores inconclusas) y a la
señora de la pensión donde pasé mi primer año de estudios. Ella ya falleció y,
la verdad, hoy la recuerdo con mucho cariño por la etapa que viví.
Lo importante es cómo fue ese
proceso, como “aprender” a odiar, si mi concepto de vida apuntaba a un lugar
diametralmente opuesto. Y no es fácil odiar y más difícil aprender. Entonces,
no me explico cómo pude llegar a ese punto del sentir, por una guía tan experta
como la de quienes me enseñaron. La receta empezó con rumores, luego siguió con
la exacerbación de los defectos de una persona con la que no tenía
absolutamente ninguna diferencia, ningún problema; pero mi amigo del alma la
detestaba por química, porque sí, porque era una figura materna de una madre
que él nunca tuvo.
Y así comenzó. Recomendándome que
no me acercara a ella; definiendo todos los cariños y regaloneos de ella como
algo que era motivado por el interés; contándome como “buen amigo” todo lo malo
que ella decía de mí. Y, claro, me confiaba aspectos de la historia de ella que confirmaban la teoría de
que era una mala mujer.
Y, lógico y lo más obvio, la
odié.
Hoy reviso y no veo razón alguna.
La recuerdo como una gran mujer, esforzadísima y muy preocupada por nosotros.
Pero la odié y agradezco que en este momento en Bulnes, me esté sucediendo lo
mismo.
Le sugieren a los de mi equipo
que se alejen de mí, me llegan a contar lo que dicen de mí, me llenan de
consejos con la premisa “lo que tú tienes que hacer…” y creen que creo que lo
hacen porque me quieren y no por la verdadera razón de verme achacado y crear
polémica. Bulnes, te había olvidado con ese patrimonio tan nuestro. Y, lo mejor
de todo, juran que me perjudican.
He descubierto en Bulnes lo
cobarde de la política y lo chato de los políticos locales. No son capaces de
confrontar con ideas porque no poseen argumentos, entonces, se manda a decir, se afirman falsedades y se crea un
ambiente en el que se divide porque los inteligentes y creativos son una
amenaza. Y quien enfrenta la verdad, es aislado, criticado en la sombra (porque
no les da ni para dar la cara) y comienza ese efectivo derrotero de destruir,
dividir, ensuciar, para gobernar.
Cuando en mi desconcierto pido
una razón del por qué esa animadversión hacia mi persona, me explican que
porque simplemente le caigo mal; y al inquirir el por qué no manifiesta su
descontento, me dicen que es más fácil cansar y menoscabar desde el anonimato;
y al preguntar por qué usa esas estratagemas si estoy a un paso, tengo número y
correo conocidos; me contestan, y he aquí el absurdo más absurdo que escuchado
en mis años de servicio público: “Es que es una política muy hábil”
Reí a carcajadas. Yo sí que
conozco políticos hábiles. Y son de estirpe. Tienen clase. Se manejan en las
ideas y no están haciendo fila para agarrar cargos. Justamente porque son
hábiles. Están a nivel de toma de decisiones en tribunas de gobierno, no sólo
de partidos, y nunca han llegado allí por malas artes porque ¿saben? Ellos se
conocen en el ambiente y no tienen con cara visible a los operadores, a las
lacras, a los soldados y brazos armados. ¿Una política muy hábil? Si es así,
entonces, ¿por qué sigo yo aquí? Porque si hay alguien que no tiene ni la más
mínima habilidad política, ese soy yo. (Lo que más detesto de esto es que si lo
lee no lo entiende)
Desde mi tribuna en la Cultura,
veo cómo le hacen daño a mi pueblo (y no lo subestimen) (porque más encima esta
gente jura que lo engañan) (a mi pueblo digo), sin la más mínima noción de
cultura sobre bases sociales y planificadas. De una torpeza intelectual pero
una habilidad mercantil sobresaliente. A tal punto que no son capaces de
mirarme a los ojos, de plantear sus diferencias (ella siempre te lleva el amén
en las discusiones, nunca me ha discutido, me da la señal de que está todo bien
conmigo, sin embargo actúa solapada y en la sombra, pues no tiene argumento
alguno que no sea la amenaza y la violencia con sus sicarios incondicionales)
Vulgar por lo demás. Díganme que no.
Y ha tratado de sembrar el odio
hacia a mí hasta en los más cercanos ofreciendo incluso cargos y confianzas. No
entiende que el valor afectivo sincero es incorruptible. No entiende que mi
poder intelectual medio y experticia aceptable es muy superior a sus más
potentes talentos corporales. No entiende que a diferencia de ella hay gente
que es capaz de querer sin esperar retribución política alguna. No entiende.
Así de simple, no entiende.
Por eso es que agradezco haber
aprendido a odiar, porque hoy no comulgo con ruedas de carreta y ese odio
inicial me ha entregado las herramientas de amor con las que hoy desenmascaro
al peor de los peligros para Bulnes y para su gobierno.
Al hablar de “ella”, hablo de la
política en general, así es que quienes quieran levantar banderas de lucha
contra alguien en específico, no van a encontrar en mí a un aliado. Sí. Es una
pataleta. Pero entretenida ¿no?. Lo único que lleva nombre y apellido, es mi
firma, porque nunca me he escondido, eso es lo extraño.
Carlo Crino Aránguiz
Padre
Profesor de Castellano
Magíster en Gestión
Escritor y poeta
Cineasta
Comunicador
Actor
Servidor Público
Seductor
Chanta 2.0, por lo tanto
identificador experto y persecutor de chantas.
Escribió para Tejemedios:
CARLO CRINO ARÁNGUIZ
PROFESOR