YO HAGO UNA CATEDRAL

“Yo hago una catedral”
Un hombre golpeaba fuertemente una roca,
con rostro duro, sudando. Alguien le preguntó:

-¿Cual es su trabajo? Y contesto con tristeza:
- ¿no lo ve? Picar piedra

Un segundo hombre golpeaba fuertemente otra roca,
con rostro duro, sudando. Alguien le preguntó:

- ¿Cual es su trabajo?, a lo que contestó:
- ¿No lo ve? Tallar un peldaño

Un tercer hombre golpeaba fuertemente una roca sudando,
con rostro alegre. Alguien le preguntó:
- ¿Cual es su trabajó?. Y contestó:
-Estoy construyendo una catedral
(Fuente: buendiaonline)

Se ve un inmenso forado en calle Palacios. Veredas en precarias condiciones en toda la extensión del centro comercial de Bulnes y en una de sus esquinas una señora comentando “tanta destrucción”. Acto seguido, unos niños jugando a mitad de cuadra, con los montes de material propios de una construcción; niños felices recorriendo cordilleras y praderas, campos de batalla y galaxias; niños felices en medio de sus mundos propios de niños con esa visión que está más allá de tanto forado.

Pues bien, puedo tomar una de ambas posiciones: ver la destrucción o proyectar, como con ojos de niño, esos trabajos que hoy incomodan a un futuro de veredas anchas y aspecto amigable de un paseo que aportará a la calidad de vida de toda una ciudad.
Todos sabemos el dolor y esfuerzo que un crecimiento conlleva. Todos quisiéramos que fuera armónico, sistemático y programado; pero también sabemos que hasta el cuerpo del ser humano se desarrolla según las experiencias ambientales y los vaivenes naturales. Entre la niñez y la adultez el cuerpo humano sufre de cambios que no tienen ningún control, que claramente se expresan en la pubertad donde los miembros son desproporcionados y los movimientos de una torpeza natural, así como sabemos que la madurez plena será bella o, al menos, operativa para desenvolverse en la vida.

Tal y cual, pues; nuestro desarrollo va a tener cíclicamente momentos de tempestad y un caos aparente para implementar las nuevas líneas de acción dentro de un proyecto que necesita de la visión proactiva de todos. Los tiempos para el fiato no son tan rápidos ( y si lo fueran yo me preocuparía) y merecen sus espacios y calmas para un fin seguro y satisfactorio. En teatro le llaman “equilibrio precario” que es necesario para entregar al espectador una visión segura de lo que va a venir y no perderse en la historia. Luego viene la “hibris” que es la verdad absoluta sobre lo que va a pasar, el destino, lo que debe suceder; pero no de forma azarosa, sino que lo necesariamente resultante de una programación y orden que solo puede otorgar la visión macro y lúcida de lo que se quiere para el futuro.

Claro. Este caos ordenado muestra un desorden aparente; sin embargo, asegura que el proceso está sometido a sus partes correctas y tiene el desarrollo lógico; lo que nos da la seguridad de que esto se inicia como corresponde “Antes de construir destruirás y derribarás”. En todas, sin excepción, las religiones se muestra el signo del cordero degollado para que llegue el redentor en gloria y majestad. Sin ánimo violentista ni catastrófico, puedo decir con fe y ardor que nuestro futuro se construye sobre cimientos que aún esperan sus canterías, pero que no se están apresurando y eso me provoca una sensación tremendamente optimista.

El problema sería que nos quedáramos en procesos sin concreciones o sueños sin despertares. Y para eso hay gente trabajando. Yo ya no veo el hoyo en calle Carlos Palacios, veo una catedral.

Para Tejemedios escribió:
CARLO CRINO ARÁNGUIZ
Encargado de Cultura Municipalidad de Bulnes