MI MAMÁ MURIÓ, PERO ME DEJÓ SU VIDA

Caminando por una calle de Chillán, me sorprendió un operativo en el que funcionarios de la PDI atrapaban a un muchacho muy joven, que se les había escapado. El aprehendido gritaba “mamá, mamá”; lo que me llamó mucho la atención y mi vocación de periodista (¿Nunca les comenté que es mi sueño frustrado?) me obligó a reportear el suceso y preguntar a uno de los detectives lo que había pasado y el por qué el sospechoso llamaba a su mamá. “Es muy común que llamen a su madre”, me respondió.
Curioso, por decir lo menos. Llamaba a su mamá a grito en cuello, estando su mamá en quizás qué parte del planeta.

Y comenzó mi reflexión en torno al por qué o al significado poderoso de “madre, mamá, mater, mother, mothar, etc”. En los comics o caricaturas, cuando un personaje  sufre un accidente o pasa un susto le dibujan un globo “mamááááá!!!!”, el “mamma mía” italiano frente a una gran impresión, los “madres” de las exclamaciones fuertes y los “hijos” de otras exclamaciones que suponen “madre”. El mayor insulto de mi niñez (hoy ya es una burla) era “sacar la madre” y el mayor temor era perderla. Y tantos otros ejemplos cotidianos que sitúan a la mamá en planos determinantes para la dialéctica propia del vivir. Los niños recurren en las situaciones más límites a sus madres y son éstas las que van a estar en los momentos y espacios más difíciles o extremos.

El Hermano jesuita Carlos Llonch Fábrega, profesor del Seminario Padre Hurtado, nos contó al sexto básico del año 1977 de un hombre condenado a muerte que como último deseo pidió ver a su madre;  cuando ella llegó al mismísimo paredón, él le arrancó la oreja y la culpó de haberlo descuidado y que por eso estaba donde estaba. La madre no lloró y soltó un “te amo”. O el poema “Amor de Madre” del español Joaquín Vicenta, relata al hijo que por amor de una mujer le arranca el corazón a su madre para llevárselo a la mujer en ofrenda. En su carrera, tropezó y cayó. El corazón le preguntó “¿te has hecho daño, hijo mío?”. Y así encontraremos un montón de anécdotas que prueben o grafiquen el significado de lo que somos para nuestras madres, pero ¿Y el registro de nuestros propios corazones en nuestras vivencias con las propias madres? En lo personal, ella aparece en cada momento importante de mi historia y quiero mencionar dos que siempre se me vienen a la cabeza, porque la resume en toda su dimensión. En el momento más difícil de mi vida, salí de la clínica a ninguna parte. Sin casa, ya sin familia, sin tener a dónde ir. Fue ella quien apareció bajo la lluvia a parirme de nuevo. Ni amigos, ni familiares, ni nadie más. Ella llegó sin esperar ningún llamado. En silencio me acogió y yo reaprendí a ser hijo.

El segundo momento fue el de su muerte. Días antes pidió a un sacerdote para confesarse. Me llamó para estar presente porque quería pedir perdón por abandonarme. Mi mamá sufrió un dolor inimaginable por mí en dos partos: en el que nací y en el que murió. Parto de parir y de partir. Ambos con dolor y sangre. Ambos con el sublime amor de madre.

Conozco a personas que aberran o reniegan de sus madres, no es el común, sin embargo ese odio nace por ese profundo amor que debiera haber existido y no existió. Lo que justifica esa distancia. Pero no excluye al amor. No la odiarían si no fuera importante (“solo se odia lo querido” diría Palmenia Pizarro).
Yo, entonces, también grito a mi mamá cuando estoy en problemas, un grito desgarrador y profundo. La extraño con todo mi ser y le hablo a cada rato. Los Neurolingüistas dirán que se convoca en la palabra y aparece en compañía. Y así lo siento. No es casualidad que se celebre el día de la madre (independiente de quién lo haya creado y con cuáles intenciones) a un paso del día del trabajo, pues coincidiremos todos que no hay trabajo u oficio más sublime que el de la madre.

Felicidades a todas las mamás de Bulnes y el mundo, pues son las ejecutoras del milagro de la existencia y la continuidad de la especie. (Un cogollito objetivo y científico para las cabezas más concretas)

Para Tejemedios
Carlo Crino Aránguiz
Profesor y Comunicador por excelencia